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El proceso de paz
Tres años y medio sin que se produzca ninguna muerte por causa del
terrorismo es, no cabe duda, una muy buena noticia en una tierra que ha
sufrido durante varias décadas las consecuencias de la violencia. La
economía vasca ha sido siempre puntera a pesar de todos los pesares.
Pero una paz consolidada va a traer, con toda seguridad, un importante
despegue en todos los ámbitos. Y más ahora que Euskadi se ha convertido
en un destino turístico cada vez más importante en los catálogos de las
grandes agencias de todo el mundo.
Todos sabemos que un proceso de paz tras décadas de enfrentamiento no es
algo que se resuelva de un día para otro. Las suspicacias, los
malentendidos, los desacuerdos... son algo que debe entrar dentro del
programa de cualquier negociador. Pero también todo negociador debe
saber que se encuentra inmerso, precisamente, en una negociación. Esto
significa que todas las partes implicadas deben hacer concesiones. Y eso
es lo más difícil: cuando se lleva tanto tiempo peleando a favor o en
contra de algo, sin matices, cuesta aceptar esos matices que son,
precisamente, los que deben llevar a que ninguna de las partes se sienta
derrotada, pero tampoco vencedora absoluta.
Estos días se insiste en que el proceso está atravesando momentos
difíciles. Como dato para la esperanza, hasta ahora nadie lo ha dado por
roto. La sociedad vasca asiste como espectadora a una serie de actos y
sospecha que hay muchos otros que se le escapan. Tal vez deba ser así;
la discreción en estos casos suele ser importante. Pero tal vez también
sea el momento de dejar de callar y decir a ambas partes, y a quienes no
paran de poner piedras en el camino, que queremos que todo concluya de
una manera positiva, que no estamos dispuestos a consentir un fracaso.
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